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Descubre cómo la realidad virtual está revolucionando la formación profesional en las empresas

En un astillero, formar a un soldador para intervenir en un espacio confinado cuesta caro: hay que movilizar el equipo, bloquear la zona, supervisar…

Une professionnelle en entreprise portant un casque de réalité virtuelle lors d'une session de formation immersive dans un espace de travail moderne
Lectura: 5 min

En un astillero, formar a un soldador para que intervenga en un espacio confinado es costoso: hay que movilizar el equipo, bloquear la zona, y supervisar la sesión con dos supervisores. Cuando se reproduce esta misma situación en realidad virtual, el soldador repite el gesto tantas veces como sea necesario, sin inmovilizar ningún puesto de trabajo. Este tipo de restricción en el terreno es lo que lleva a cada vez más empresas a integrar la VR en sus programas de formación profesional.

Transferencia al puesto de trabajo: lo que la VR aún no garantiza

La mayoría de los informes publicados sobre la formación en realidad virtual miden los conocimientos adquiridos justo después de la sesión. Se evalúa lo que el aprendiz ha retenido, no lo que aplica tres meses después en su puesto.

Una revisión sistemática publicada en el Journal of Computer Assisted Learning en septiembre de 2026, que abarca 66 estudios realizados en 29 países, confirma esta observación. Las evaluaciones longitudinales más allá de la post-formación siguen siendo muy raras. La mayoría de los estudios se detienen en el nivel 2 del modelo de Kirkpatrick, es decir, la medición de los conocimientos adquiridos en lugar del comportamiento real en el trabajo.

Otro sesgo señalado: los paneles evaluados suelen estar compuestos por estudiantes, no por empleados en activo. Las condiciones de aprendizaje en laboratorio no reproducen la presión de una línea de producción o de un quirófano. Para las empresas que invierten en VR, la cuestión de la transferencia efectiva de competencias merece ser planteada desde la concepción del módulo.

Actores como Immersive Lab diseñan entornos inmersivos integrando esta lógica de seguimiento post-formación, pero los resultados varían según el sector y la complejidad del gesto a reproducir.

Un grupo de colaboradores en empresa participando en una sesión de formación colectiva en realidad virtual alrededor de una mesa de conferencia moderna

VR o realidad aumentada en formación: dos usos distintos que no deben confundirse

Se suele mezclar VR y realidad aumentada (AR) cuando se habla de formación inmersiva. Ambas tecnologías responden a necesidades diferentes, y confundirlas lleva a decisiones de despliegue inadecuadas.

Cuando la VR es la elección correcta

La realidad virtual sobresale en situaciones que no se pueden reproducir fácilmente: entornos peligrosos, escenarios raros, manipulación de equipos costosos. Un técnico de mantenimiento en un aerogenerador entrena para intervenir en altura sin riesgo. Un operador en una central aprende a reaccionar ante una alerta crítica que solo ocurre una vez al año.

La VR es pertinente cuando el entorno real es inaccesible, peligroso o demasiado costoso de movilizar. Esa es su ventaja estructural sobre la formación presencial clásica.

Cuando la AR toma el relevo

La realidad aumentada superpone información digital sobre el entorno real. Es más adecuada para la asistencia procedimental en tiempo real: un operador usa gafas AR mientras realiza una operación de mantenimiento y ve los pasos a seguir directamente en la máquina.

La revisión sistemática mencionada anteriormente distingue precisamente estos dos usos. La AR aporta un valor añadido para el aprendizaje situado y el apoyo al gesto en condiciones reales, donde la VR se limita a la fase de adquisición fuera del puesto.

Costo real de un programa de formación en realidad virtual

Los artículos sobre la VR en formación suelen mencionar la “reducción de costos” sin detallar lo que representa la inversión inicial. Aquí están los aspectos a anticipar concretamente:

  • El diseño del módulo inmersivo (guion, modelado 3D, integración de interacciones) representa el costo más elevado, especialmente para escenarios laborales a medida
  • El material (gafas VR, estaciones de cálculo o gafas autónomas) debe dimensionarse según el número de aprendices simultáneos y la frecuencia de las sesiones
  • El mantenimiento del contenido: un módulo VR alineado con un procedimiento regulatorio debe actualizarse con cada evolución de la norma, lo que genera un costo recurrente

El amortiguamiento depende del volumen de sesiones y del número de aprendices formados. Una empresa que forma a 20 personas al año en un escenario único no rentabilizará un desarrollo a medida. En cambio, para equipos dispersos geográficamente que deben seguir el mismo protocolo, la VR elimina los gastos de desplazamiento y la movilización de formadores.

Un formador en informática presentando un módulo de formación en realidad virtual en un puesto de trabajo en un laboratorio de e-learning de empresa

Diseño de un módulo VR efectivo: errores frecuentes del lado de la empresa

Se observan patrones recurrentes cuando una empresa despliega la formación VR sin un marco pedagógico suficiente.

La primera trampa es querer simular todo. Un módulo VR eficaz se centra en un gesto, un procedimiento o una situación específica. Simular un día completo de trabajo diluye el aprendizaje y hace explotar el presupuesto de producción.

La segunda trampa se refiere al escenario lineal. Un módulo sin ramificación decisional es como ver un video con un casco en la cabeza. El aprendiz debe poder cometer errores, observar sus consecuencias y corregir su trayectoria. Es este mecanismo de retroalimentación inmediata el que diferencia la VR de un simple soporte visual.

El tercer punto a menudo se pasa por alto: la integración en el recorrido de formación existente. Un módulo VR aislado, sin debriefing ni vínculo con las competencias evaluadas en la empresa, produce un efecto de “demostración” que se desvanece rápidamente. Las empresas que aprovechan al máximo la VR la integran en un recorrido mixto, con secuencias presenciales o de e-learning que consolidan los conocimientos adquiridos.

  • Centrarse en un gesto o un procedimiento por módulo, no en una profesión completa
  • Integrar ramificaciones decisionales para que el aprendiz actúe, no solo observe
  • Prever un debriefing sistemático después de cada sesión de VR, idealmente con un formador
  • Vincular el módulo a los indicadores de rendimiento ya seguidos por la empresa

La realidad virtual en la formación profesional no es una herramienta milagrosa que se sostenga por sí misma. Su eficacia depende directamente de la calidad del guion, de la pertinencia del caso de uso elegido y del seguimiento post-sesión. Las empresas que tienen éxito en su despliegue de VR son aquellas que tratan el casco como un soporte más entre otros, no como un fin en sí mismo.

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